No bajar la guardia

Por: Germán Vargas Lleras para el periódico El Tiempo

Comparado con otros países de la región, Colombia es el último en esquemas completos de vacunación.

En las últimas semanas hemos visto cómo la situación del país frente a la pandemia del covid ha presentado indicadores alarmantes de contagios, ocupación de hospitales y UCI, baja disponibilidad de vacunas y, por supuesto, incremento de personas fallecidas.

Lo primero sea decir que estamos lejos de cumplir las metas formuladas por el propio Gobierno en cuanto a aplicación de vacunas. Para diciembre pasado faltaron casi 6 millones de personas con esquema completo y a enero más de 3,5 millones con respecto a los objetivos del Ministerio. Al compararse con otros países de la región como Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, Ecuador y Perú, Colombia ocupa el último lugar en esquemas completos de vacunación. ¿Qué pasó? Por algo será que países como Estados Unidos nuevamente recomiendan no venir a Colombia.

El problema principal ha sido la falta de biológicos en el país. Se han anunciado compras importantes por más de 20 millones de dosis, así como nuevas donaciones directas y por el mecanismo Covax. Es urgente que dichos anuncios se hagan realidad y se pueda retomar con fuerza la vacunación, principalmente en las regiones, y el programa de refuerzos en 3 dosis para población más vulnerable.

Respecto al número de contagios y de fallecidos, también a Colombia le va muy mal en el contexto regional. Para el 23 de enero, nuestra tasa de contagio ha aumentado 12 veces frente a la del 1.º de diciembre del año pasado y el número de muertes se ha triplicado, la tercera tasa más alta entre todos los países de la región.

Por supuesto, lo que se observa es un aumento de la ocupación de camas, tanto de hospitalización general y cuidados intermedios como de UCI, por el covid. Esta ocupación se ha multiplicado por cuatro en casos asociados a la pandemia, y en algunas regiones del país como Antioquia, por ejemplo, esa ocupación de UCI ya ha llegado a niveles del 92 %.

Los datos son alarmantes, pues en menos de tres semanas ha habido una fuerte disminución de la capacidad hospitalaria y estamos lejos de ver el final de este cuarto pico, por lo que el pronóstico es muy poco halagador y, lo peor, con altas probabilidades de muertes evitables.

Es también urgente que se profundice en la exigencia del carné de vacunación en eventos y sitios con aglomeraciones y que se amplíe su exigencia a todo tipo de entidades como bancos, notarías, oficinas de servicios públicos, todas las oficinas gubernamentales y, por supuesto, colegios, universidades y las entidades del sistema de salud. Y por qué no pensar, como ya se ha hecho en otros países, en exigir el carné para ingresar a las empresas con más de un cierto número de trabajadores. Y poner en marcha unas brigadas de vacunación en todos los colegios, públicos y privados –niño que entra, niño que se vacuna–, sin excusa, lo mismo con maestros y personal administrativo.

Más de 30 países, incluido Estados Unidos y prácticamente todos los europeos, ya han autorizado los medicamentos para tratar el covid. Son conocidos los de las casas Pfizer y Merck de uso en casos graves y para evitar la hospitalización. ¿Cuándo será que nuestro burocrático Invima autorizará su uso en Colombia? ¿Qué estará esperando, cuando ya está probado que reducen en más de un 85 % la mortalidad? ¿Y cuándo pensarán autorizar las pruebas caseras disponibles en cualquier droguería en el mundo entero, menos en Colombia?

Creo que no debería cerrarse el debate sobre la obligatoriedad de la vacuna. Está absolutamente demostrado que los casos de contagios, hospitalización y muerte están asociados en gran medida con la falta de vacunación. Algunos países se han atrevido a dar el paso a la obligatoriedad, y de seguir presentándose en Colombia un deterioro tan crítico de la situación, valdría la pena profundizar en medidas que permitan universalizar la vacunación en el país.

Me asalta la preocupación de que el tema del covid haya pasado inexplicablemente a un segundo plano. Ya ni siquiera ocupa los titulares de prensa. Pareciera que ya no es la prioridad ni del Gobierno Nacional ni de los entes territoriales. Y mientras todos los indicadores se deterioran en forma inquietante, incluidos los 300 muertos diarios, a nuestro flamante ministro, personaje del año 2021, se lo tragó la tierra.

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