Quién es la cara oculta

Por: Germán Vargas Lleras para el periódico El Tiempo

¿Se habrá preguntado el doctor Galán por las consecuencias inmediatas de semejante aprobación?

Empieza a calentar motores la campaña electoral y, como es tradicional, aparecen de nuevo los temas que los candidatos creen contribuirán a aumentar su aceptación. Para desgracia del sector productivo, ya salimos del muy inconveniente de reducir la jornada laboral, pero seguro volverán con la creación de nuevas primas, no puede faltar el de la adopción por parte de parejas homosexuales, ni el de la eutanasia ni el de la legalización de las drogas.

A propósito de este último, no podía yo dar credibilidad a las propuestas del ahora candidato Juan Manuel Galán en entrevista con Vicky Dávila, en las que planteó que había que legalizar todas las drogas. Repito, todas las drogas. ¿Cómo entender que sea el propio hijo de Luis Carlos quien ahora promueva la legalización como principal bandera de su campaña? Cuesta creerlo.

Galán adornó su propuesta con un cuestionamiento sobre la lucha que ha librado Colombia en este frente por más de 40 años. Se pregunta por la utilidad de los recursos invertidos en combatir a los narcotraficantes y sus estructuras criminales y planteó que el Estado en vez de combatirlas pase ahora a regular su producción, su calidad, sus precios; mejor dicho, que el Estado se convierta en empresario del flamante negocio de las drogas.

Y propone que demos este paso en solitario, no mediante un acuerdo global fruto del consenso de la comunidad internacional, sino a través de una iniciativa criolla que todo lo resuelva y lo regule. ¿Se habrá preguntado el doctor Galán por las consecuencias inmediatas de semejante aprobación por el Congreso? Para empezar, ¿podrá Colombia legalizar la siembra, la transformación, el consumo y, claro, la exportación de todo tipo de drogas de manera unilateral? ¿Podrá el país sustraerse de la Convención de Naciones Unidas contra el Tráfico de Estupefacientes y de la Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional, de las cuales somos signatarios?

Con la legalización se eliminarían del Código Penal todos los delitos relacionados. Se caerían todas las condenas, y todos los bienes incautados deberían regresarse a sus propietarios. Lo mismo ocurriría con los procesos de extinción de dominio, en virtud del principio de favorabilidad.

En cuanto a la extradición, quedaría sin vigencia, pues requiere reciprocidad de los Estados. Colombia se convertiría en refugio de narcos, ahora legalizados, un paraíso, como lo recordara recientemente Alfonso Gómez al referirse al vergonzoso espectáculo en el cual la Constituyente del 91 eliminó la extradición. ¿Recordará Juan Manuel que fue precisamente la extradición el motivo principal que condujo al asesinato de su padre, de Rodrigo Lara y de tantos otros que se enfrentaron a las mafias del narcotráfico?

Se me ocurre pensar que el ministro de Justicia sí tendría un respiro, pues se estima que más de 30.000 presos condenados por delitos de narcotráfico, lavado de activos y concierto para delinquir, entre otros, saldrían de las cárceles en aplicación de la nueva ley. Vaya instrumento de descongestión judicial, poniendo en las calles a individuos de enorme peligrosidad pertenecientes a poderosas organizaciones criminales.

Tendríamos que enfrentar el aumento del consumo de drogas con todos sus efectos sociales y de salud pública. ¿Qué opinarán los padres de familia que han visto consumirse a sus hijos por este flagelo? ¿Qué opinarán también las familias de esos miles de jueces, magistrados, policías y soldados, periodistas y tantos colombianos que entregaron sus vidas enfrentando esta tragedia mundial?

Ya el doctor Galán se anotó un ‘triunfo’ con la legalización de la marihuana medicinal. Por fortuna, el proyecto que legalizaba su uso recreativo fue negado en las plenarias. Pero él insiste en que va por todas, no excluye a ninguna: coca, heroína, bazuco, ácidos y drogas sintéticas. Valdría la pena una explicación del doctor Galán sobre lo dicho y de varios candidatos que pretenderán quitarle esa bandera.

Como veo las cosas, de fallar la Corte Constitucional a favor de la vigencia del partido Nuevo Liberalismo, habría que rebautizarlo como el Nuevo Nuevo Liberalismo, pues nada más lejano del pensamiento de Luis Carlos Galán que este proyecto de legalización que tensa todas las fibras no solo de nuestro pasado, sino, en especial, de nuestro futuro.

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