Paciencia y memoria

Por: Germán Vargas Lleras para el periódico El Tiempo

El mercado accionario en Colombia no crece como en otros países, pero las cosas tenían que cambiar.

A lo largo de estas semanas hemos ido conociendo el resultado de las distintas opas del grupo Gilinski sobre Nutresa y Sura, pero pocos recuerdan el origen de la discordia.

Para finales de la década del 90, el grupo Gilinski era propietario de la mayoría del antiguo Banco de Colombia. En esa época tomaron la decisión de negociar un acuerdo con el entonces Banco Industrial Colombiano (BIC), de propiedad del sindicato antioqueño. Para fusionar ambos bancos, el BIC financió la compra del 51 % de las acciones de Bancolombia a los Gilinski: un 31 % con créditos del exterior y un 20 % con una emisión de acciones del BIC que hicieron en enero 1998. Se pactó que hecha la fusión de ambos bancos, los Gilinski recibirían un 10 % del banco fusionado, el nuevo Bancolombia. Con la emisión de acciones que hizo el BIC y con las posteriores capitalizaciones no acordadas, los Gilinski terminaron marchitados y además nunca recibieron el total de lo pactado. En laudo arbitral de mayo de 2006 se les reconoció una pérdida de participación y se ordenó a su favor una indemnización por más de 40.000 millones de pesos. El fallo señaló que “la conducta fue contraria a la buena fe”. Bancolombia tuvo que reconocer y pagar la condena, y los posteriores reclamos del banco a la familia nunca prosperaron judicialmente.

Esa, en síntesis, es la historia. Por eso, muchos analistas señalan que el objetivo último de las operaciones que comenzaron el año pasado es el Bancolombia.

Tras finalizar la 2.ª opa, los Gilinski y sus aliados se convirtieron en los mayores accionistas de Sura, con el 31,5 %, y de Nutresa, con el 30,8 %, segundo accionista después de Sura. Por las participaciones cruzadas en Nutresa, hoy tienen el 44 %, y sus inversiones alcanzaron 2,4 mil millones de dólares. Ahora se conoce una tercera opa. Importante advertir que cuando abran los mercados la posición de Gilinski valdrá 3,4 mil millones de dólares, o sea que a la fecha se habrán ganado mil millones de dólares. En esta 3.ª opa se elevó la oferta por acción de Nutresa a 50.000 pesos, más del doble del valor que tenía en noviembre pasado. Cómo no preguntarse, entonces, por los verdaderos beneficiarios, que son los más de diez mil accionistas que se acogieron a las ofertas y recibieron más de 9,5 billones de pesos.

Si yo fuera accionista, preferiría a quienes aumentaron el valor de mis acciones en un 130 % y no a quienes en estos 10 años me hicieron perder un 75 % del valor de estas. Y advierto que no soy accionista porque en 2003 vendí mis 9.250 acciones de Sura. Magnífica decisión, viendo lo ocurrido en estos 19 años.

Como es sabido, los socios estratégicos del GEA no aparecieron en ninguna de las dos opas, y nada hace prever que intervendrán en esta 3. Esta ‘batalla’ se definió con los hechos y quedó claro que promesas y anuncios no son suficientes. El mercado y los accionistas no sucumbieron esta vez a la andanada mediática y publicitaria con la que este grupo empresarial se acostumbró a manipular las comunicaciones por años, como lo hicieron con EPM en ese contubernio que también denuncié y en buena hora terminó.

Se abre así una nueva etapa para los accionistas minoritarios, en la cual se espera que el nombre del juego sea la creación de valor y no la protección de privilegios. Se abre también la oportunidad para que las empresas se enfoquen en bajar sus niveles de endeudamiento y retomen su rumbo de crecimiento. Pero para quienes quieran vender en esta 3.ª opa, el valor de la oferta, probablemente la última, es muy atractivo.

Al margen de lo anterior, es muy conveniente que finalmente nos cuenten qué se encontró. Particularmente, de todos los privilegios y abusos que posiblemente tuvieron lugar en estos años: salarios, gastos de representación, primas, multimillonarios bonos de retiro, 8 aviones al servicio de los controladores, y todo pagado por el bolsillo de los accionistas minoritarios, jubilados y pensionados. Seguro que nada de esto hubiera ocurrido en épocas de Darío Múnera, Fabio Rico o Jorge Molina.

Con razón, en Colombia el mercado accionario no crece como en otros países. La gente le tiene pereza a invertir en acciones. Pero en algún momento las cosas tenían que cambiar. Creo que, por fortuna, ese momento está llegando.

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